Josh Hamilton confirma tomó tragos de alcohol
Estuvo tres años suspendido por abuso de drogas y bebidas alcohólicas



  • Declaración. Josh Hamilton responde preguntas durante la rueda de prensa de ayer en Arlington, Texas.
AP
Arlington
El jardinero de los Rangers de Texas, Josh Hamilton, admitió ayer viernes que tuvo una recaída y se tomó “tres o cuatro” tragos esta semana en un “momento de debilidad”.
El toletero de 30 años estuvo suspendido por más de tres años por problemas con el abuso de drogas y alcohol, mientras estaba con la organización de Tampa Bay. Se perdió las temporadas de 2004 y 2005, pero luego se recuperó y fue elegido como el jugador más valioso de la Liga Americana en 2010.
Hamilton afirmó que no ha utilizado drogas y señaló que le realizaron dos pruebas de dopaje desde el lunes, un procedimiento normal en su rutina. Indicó que espera reunirse pronto con médicos de Grandes Ligas en Nueva York.
Esta es la segunda recaída pública de Hamilton con el alcohol en tres años. En enero de 2009, se emborrachó en un bar en Tempe, Arizona. El jugador dice que antes de eso no bebía desde el 6 de octubre de 2005.
En un mensaje en su cuenta de Twitter, la esposa de Hamilton, Katie, escribió: “Agradecemos todo los mensajes de apoyo que hemos recibido”.
Hamilton comentó que su vida “en general se basa en tomar las decisiones correctas, y todo en mi recuperación, en mi carrera, todo se basa en mi relación con Dios”.
“Ustedes saben cuánto me esfuerzo en el terreno, que doy todo lo que tengo”, dijo Hamilton. “Cuando no hago eso en el terreno de juego, me expongo a un momento de debilidad. El lunes por la noche tuve un momento de debilidad”.
Relató que “pedí un trago... probablemente me tomé tres o cuatro tragos, llamé (a su compañero) Ian Kinsler para que viniera a acompañarme. Ian no sabía que había estado bebiendo”.
Cuando los Rangers lo adquirieron en diciembre de 2007 procedente de Cincinnati, conocían los problemas que había tenido Hamilton e implementaron una política de cero tolerancia en cuanto al consumo de alcohol. El toletero se somete a pruebas antidrogas tres veces a la semana y cuenta con una persona que lo ayuda en su rehabilitación, aunque ese puesto está vacante.

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