Las guerrilleras que le hacen frente al Estado Islámico Por Meredith Tax 23 de agosto de 2016

Guerrilleras kurdas en la localidad siria de Tal Hamis tras participar en la batalla por la liberación del enclave de las fuerzas del Estados Islámico. Credit Massoud Mohammed/Barcroft Media, via Getty Images Read in English Este mes se cumplen dos años desde que el Estado Islámico atacó a los yazidíes, una minoría religiosa kurda que vive en las faldas de la montaña de Sinyar en Irak. Los combatientes cayeron sobre ciudades desprotegidas como lobos sobre un redil, diría el poema de Byron, masacraron a los hombres y se llevaron a miles de mujeres y niños para venderlos como esclavos sexuales. Los yazidíes que pudieron escapar huyeron a zonas más altas de las montañas sin comida, ropa adecuada para el clima o, en algunos casos, incluso sin zapatos. Quedaron atrapados allí durante días con poco respaldo de la comunidad internacional. Los peshmerga, combatientes del partido político de Masoud Barzani en el Kurdistán iraquí, quienes en principio prometieron protegerlos, se hicieron humo cuando llegó la hora del peligro. Fueron las guerrillas kurdas de Siria y Turquía las que finalmente combatieron a través del territorio del Estado Islámico hasta llegar a las montañas y abrieron así un corredor para poner a salvo a los yazidíes hasta la zona siria autodeclarada autónoma, de nombre Rojava, una palabra kurda que significa oeste. Muchos de estos guerrilleros eran mujeres, pues un principio fundamental del movimiento kurdo de liberación, que lleva décadas luchando, es que las mujeres no pueden esperar a que otros las defiendan, sino que deben pelear para ser libres. Ciertamente, algunas de estas mujeres dicen luchar por otras mujeres porque saben los horrores que les esperan a aquellas que sean capturadas por el Estado Islámico. En la guerra de Rojava contra el Estado Islámico, se puede encontrar a las mujeres no solo como soldados rasos, sino también al frente de las unidades guerrilleras. Después de ser rescatadas del Monte Sinyar, algunas yazidíes decidieron seguir este ejemplo y comenzaron su propio grupo paramilitar: la Unidad Shengal de Protección de Mujeres (Shengal es otro nombre para Sinyar). De igual manera, en el Kurdistán iraquí, mujeres yazidíes rescatadas de la esclavitud sexual han formado su propia brigada. Aunque las guerrillas integradas por mujeres han peleado en las luchas de liberación nacional desde China a Vietnam, de Cuba a Nicaragua, Mozambique, Angola, Irán y los territorios palestinos, las organizaciones feministas internacionales de más renombre tienden a seguir el liderazgo de la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, fundada durante la Segunda Guerra Mundial, que sostiene que la solución a la victimización de las mujeres en tiempo de guerra es, primero, oponerse a la guerra y, segundo, asegurarse de que las mujeres participen en la mesa de negociación cuando las guerras terminan. El enfoque del movimiento de liberación kurdo, por el contrario, pone de relieve la autodefensa tanto en términos militares como sociales. Las guerrillas de mujeres tienen por objetivo ser vistas como ejemplos que muestran que el liderazgo femenino es crucial en cada ámbito de la sociedad. En el sistema democrático autónomo de Rojava (la zona se encuentra dentro de las fronteras de Siria), hay preceptos categóricos que exigen la participación de las mujeres en el sistema de gobierno y todas las organizaciones están lideradas tanto por un hombre como por una mujer. Los comités formados por mujeres tienen autoridad verdadera para resolver problemas como el matrimonio forzado y la violencia doméstica. Sin embargo, son las combatientes femeninas en particular las que ofrecen una imagen que se contrapone con la de las víctimas violadas y deshonradas, consideradas una vergüenza para su familia y su comunidad. Las ideas patriarcales han hecho que la violación y la esclavitud sexual sean la estrategia central en conflictos genocidas, lo que significa destruir la identidad misma del enemigo. De esta manera se utilizó la violación tanto en Bosnia como en la República Democrática del Congo (y antes, durante la división de India y la lucha de liberación de Bangladesh), y así es cómo comienza a usarse actualmente en Siria e Irak. Continue reading the main story Photo Familias yazidíes huyendo de Sinyar, en el norte de Irak, en agosto de 2014. Credit Rodi Said/Reuters Mujeres como las yazidíes, que han sido sometidas a una violencia sexual terrible, no pueden reintegrarse fácilmente a los viejos modelos y no progresarán si son vistas —y se ven a sí mismas— como víctimas cubiertas de vergüenza. Parte del proceso de rehabilitación tiene que incluir desafiar el estigma al que se enfrentan las sobrevivientes. Desde luego, hay maneras de hacerlo sin tomar las armas. Sin embargo, el hecho de que algunas de las sobrevivientes en los campos de refugiados del Kurdistán iraquí, un lugar que sigue siendo extremadamente patriarcal, hayan escogido este camino, muestra la influencia de la guerrilla femeninina radical kurda. Un consejo femenino conformado en julio por las yazidíes que siguen el ejemplo de Rojava llegó a declarar que su objetivo no será “comprar de vuelta” a las mujeres y niños secuestrados, como suele suceder cuando se negocia con el Estado Islámico, sino liberarlos y, al mismo tiempo, establecer nuevas tradiciones de autodefensa. No será fácil. Dos años después de su captura, miles de mujeres y niños yazidíes continúan en cautiverio. Muchas más se han dispersado por los campos de refugiados en Turquía, Irak o Rojava, mientras que otras han intentado huir a Europa y algunas se han ahogado en el camino. No obstante, el epicentro de la lucha yazidí se quedó en la Montaña Sinyar, el hogar ancestral al que muchas, ahora en campos de refugiados iraquíes, desean con desesperación volver. Un obstáculo en su camino continúan siendo las fuerzas kurdo-iraquíes de Masoud Barzani, las mismas que las abandonaron hace dos años, y cuyos peshmerga han operado de manera caprichosa el punto de control en el paso fronterizo que lleva tanto a Rojava como a la zona norte de la Montaña Sinyar, lo que hace que el acceso apropiado de enseres básicos y material de construcción sea difícil, cuando no imposible. Todo esto se ha realizado con la cooperación del bloqueo de Turquía a los kurdos de Rojava. Aquellos que nos hemos conmovido con la lucha de las yazidíes y la imagen de mujeres peleando en contra del Estado Islámico podemos, y debemos, hacer algo más que expresar admiración desde lo lejos. Tenemos que ayudar a que el gobierno estadounidense escuche sus propias ideas sobre igualdad de género, democracia y pluralismo. Estados Unidos prometió recientemente a las fuerzas del señor Barzani una generosa cantidad en ayuda militar. El precio a pagar por esta ayuda debe pasar por pedir libertad de movimiento para los yazidíes, de manera que puedan volver a sus hogares y reconstruirlos, esperemos que con la participación integral de las mujeres y supervivientes de la violencia sexual del Estado Islámico, así como un cese permanente al bloqueo de Rojava, cuyas guerrillas han sido una de las pocas fuerzas capaces de combatir al Estado Islámico, no a pesar de su feminismo, sino debido a él.

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