Familiares y vecinos de la víctima deploraron la situación en que viven los niños y cuyo padrastro está acusado de violar y matar al menor de un año y medio en el sector de Cancino Adentro en Santo Domingo Este.

sábado, 12 de mayo de 2018 Moradores Dicen casa de niño violado y asesinado servía de motel TEMEN QUE NIÑA DE NUEVE AÑOS FUERA TAMBIÉN VIOLADA POR ALGÚN HOMBRE Suceso. Familiares y vecinos de la víctima deploraron la situación en que viven los niños y cuyo padrastro está acusado de violar y matar al menor de un año y medio en el sector de Cancino Adentro en Santo Domingo Este. Escarlin Pozo escarlin.pozo@listindiario.com Santo Domingo Según revelaron vecinos del sector Cancino Adentro, la casa donde fue abusado sexualmente y asesinado Luis Raúl Zaya Suero, el niño de un año y once meses, servía como un motel donde la madre del infante cobraba el alquiler de la habitación. Desde 150 a 300 pesos era el monto que los hombres y prostitutas tenían que pagar para utilizar el dormitorio, donde los niños evidenciaban la fechoría, así lo dio a conocer un vecino quien pidió reservar su nombre. Asimismo, otro de los moradores corroboró al informar que con la entrada de tantos hombres creen posible que la niña de nueve años pudo haber sido abusada sexualmente por uno de ellos. “Ahí subían diferentes hombres, no dudo que la niña la haya violado uno de esos hombres también”, afirmó. Ayer viernes, la calle se encontraba fundida en silencio tras el abominable hecho donde el padrastro violó y dio muerte a su hijastro. Al llegar al lugar, un panorama de tristeza y desconcierto imperaba entre los vecinos del sector y familiares de la víctima. Raquel Suero, madre del niño, trabajaba únicamente los “lunes” en una casa de familia, como empleada doméstica. Aquella trágica tarde, donde su hijo Luis Raúl Zaya Suero, de un año y medio, falleció en manos de su padrastro, contó a las autoridades que ese día, “martes”, se encontraba trabajando. Los vecinos narraron que desde las once de la mañana de ese día, los gritos y quejas del infante llegaban a oídos de quienes se encontraban en el edificio, pero la música a todo volumen opacó las súplicas de aquel inocente niño. “Cállate, cállate”, “¿y ahora?”, “Ve que te lo dije”, le decía John Rodríguez a su hijastro. Asimismo, narró uno de los vecinos que el padrastro le preguntó en varias ocasiones que si quería agua. Cuenta el vecino que se encontraba durmiendo en su habitación cuando los gritos del infante lo despertaron. “Escuché su voz y todo lo que le decía, pero al rato subió el volumen del radio como tenía por costumbre. Minutos más tarde, lo vi salir. Compró un refresco y una botella de agua y retornó a la casa”. Cuando recién iniciaba la tarde, uno de los hijos de Raquel Suero llegó a la casa comenzó a tocar y llamar para que le abrieran. Al ver que nadie se avecinaba a la puerta se dirigió donde una vecina para informarle que no le querían dar paso en casa. La señora subió las escaleras que llevan al apartamento, para indagar lo que sucedía. Al tocar la puerta de forma insistente, el hombre abrió la puerta. El sudor que chorreaba en su rostro y la mirada perdida le notificó que algo sucedía.

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