viernes, 24 de mayo de 2019 Filosofía de vida Médico dominicano con 102 años dice no trasnocharse y comer poco es el secreto de su longevidad Médico dominicano con 102 años dice no trasnocharse y comer poco es el secreto de su longevidad Mario Fernández todavía está pendiente del acontecer nacional y local, siguiendo las noticias por diferentes medios de comunicación. Todos los días hay que leerle el periódico Listín Diario. RAUL ASCENCIO / LD Wanda Méndez wanda.mendez@listin.com Santo Domingo Con 102 años, el médico y político francomacorisano Mario Antonio Fernández Mena se mantiene lúcido y de buen ánimo. En una entrevista en su residencia de San Francisco de Macorís, cuenta cuál ha sido la clave de su longevidad. Relató que siempre le gustó estar ocupado, estudiando, trabajando o en cualquier otra actividad. Ha sido comedido al comer, en poca porción. Nunca le gustó trasnocharse, excepto cuando un paciente le tocaba la puerta de madrugada para que lo atendiera, a lo que no se negaba. Cree que la persona debe dormir 8 horas diarias, no menos. Detesta las mortificaciones. “A mí no me gusta hacerle daño a nadie, ese es mi lema”, afirma. El alcohol lo ingería pero de forma social, y no fumaba. Casi no se enferma. Celebra su cumpleaños con mucha comida, sobre todo con dos o tres cerdos, que junto a la de aves, son sus carnes preferidas. Se alimenta bien. Todos los días se desayuna con dos huevos y se toma un ponche de huevo de patas. “Juan Bosch (expresidente) venía a mi finca y matábamos 8 y 10 patos y nos los comíamos”, recuerda. Devoto de la virgen de la Altagracia, cada año acostumbra a ir a la basílica de Higüey para venerarla. Admira los hogares donde hay paz, amor y respeto. Observa que ahora hay mucha depravación. “Médico del pueblo” Desde pequeño soñó con ser médico, y cuando lo logró la medicina la puso al servicio de los más necesitados, según narró. Sostiene que en su casa, que estaba al lado del consultorio, casi no se podía dormir, porque la gente iba a tocarle la puerta, ya que lo consideraban el médico de emergencia del pueblo. “Venían gente pobre del campo con la receta, llorando, y yo se la compraba, y si no tenía comida les daba”, cuenta. También se trasladaba a los barrios. En la iglesia, la gente le hacía filas detrás de una ayuda. En su natal Cenoví, construyó una iglesia. “Ahora mismo me meto dinero en la cartera, me voy a mi finca y si llego con 5,000 pesos se gastan de una vez”, comenta.

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