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La congresista Veronica Escobar en su casa en El Paso. Escobar es una de las dos mujeres latinas elegidas para representar a Texas en la Cámara de Representantes y se ha convertido en una de las voces más importantes en los debates legislativos sobre los temas de la frontera. CreditAdria Malcolm para The New York Times
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CIUDAD JUÁREZ, México — Bajo el ardiente sol mexicano, la congresista Veronica Escobar consolaba a una joven llamada Fátima, quien le describió de manera atropellada sus problemas: fue violada en su nativa Nicaragua, en mayo las autoridades estadounidenses la separaron de su hija de 5 años y la deportaron a México donde espera la resolución de su solicitud de asilo. Fátima le dijo que su único deseo era volver a estar con su hija.
“Qué suerte tenemos las personas que nacimos al otro lado del río”, dijo más tarde Escobar, una novata congresista demócrata de El Paso, después de cruzar hacia el lado estadounidense del Río Grande.
Escobar, una de las dos primeras mujeres latinas elegidas para representar a Texas en la Cámara de Representantes, se ha convertido en una lideresa de los debates legislativos sobre los problemas fronterizos. La Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, la considera como una voz influyente y Escobar se ha proyectado como una política apasionada pero menos conflictiva que otras nuevas figuras que también han confrontado las duras políticas migratorias del presidente Donald Trump.
El viernes volverá a participar como una de las principales testigos en una audiencia del Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes sobre la separación de los niños migrantes. Su propuesta, centrada en incrementar la supervisión sobre las operaciones del Departamento de Seguridad Nacional, es una de las medidas legislativas que Pelosi quiere impulsar.
“Ella es una persona que sabe escuchar a otras personas y esas personas la escuchan”, dijo Pelosi el jueves. “Es una congresista bastante espectacular”.
La prominencia y el activismo de Escobar han hecho que sea el blanco de numerosos ataques. El lunes dijo que estaba recibiendo amenazas de muerte por los informes que afirman que su oficina entrena a solicitantes de asilo que se encuentran en México con el fin de ayudarlos a regresar a Estados Unidos, unas informaciones que describió como “alimentadas por la xenofobia y la desinformación”.
Pero, para ella, ser el centro de atención ha sido una gran oportunidad para representar a su distrito fronterizo y explicar las realidades de una región vibrante y binacional que alberga a migrantes y agentes de inmigración por igual.
Horas después de su encuentro con Fátima, Escobar y su esposo, un juez federal de inmigración, estaban en el juego de béisbol de las ligas menores El Paso Chihuahuas, una especie de ritual con el que celebran su aniversario pero, mientras estallaban los fuegos artificiales, comenzó a sollozar. Dijo que no podía sacarse de la mente a Fátima y a todos los migrantes que vio en México, y a las mujeres detenidas que, dos días antes, habían llorado en brazos de los legisladores durante una visita a la Estación 1 de la Patrulla Fronteriza de El Paso.
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Escobar, a la derecha, y Susie Byrd, su directora de distrito, caminaban hacia Ciudad Juárez la semana pasada. El viernes, Escobar testificará en una audiencia del Comité de Supervisión y Reforma de la Cámara de Representantes sobre la separación de las familias migrantes. CreditAdria Malcolm para The New York Times
“Mucha gente no tiene acceso a lo que nosotros tenemos por simplemente haber nacido acá”, dijo más tarde Escobar, quien pertenece a la tercera generación de su familia radicada en El Paso, y se secó los ojos mientras describía a los inmigrantes que ha conocido en los últimos seis meses. “Nunca he llorado tanto en mi vida. Simplemente lo siento tanto, y de manera tan profunda”.
La frontera, como ella dice, siempre ha sido un lugar mágico donde una línea separa la granja lechera de El Paso donde creció y las calles de Juárez donde compraba con su madre, y donde sus hermanos pagaban dos dólares por terribles cortes de cabello.
Explica que no se percató de que la frontera tenía una connotación ominosa hasta principios de la década de 1990 cuando regresó de la Universidad de Nueva York donde obtuvo una maestría en literatura inglesa, en parte escribiendo sobre los dos mundos que experimentó.
Se ofreció como voluntaria en un grupo de inmigración local y en campañas políticas antes de postularse para un cargo público y formar parte del gobierno del Condado de El Paso. En 2017, cuando Beto O’Rourke renunció a su escaño en la Cámara de Representantes para competir contra el Senador Ted Cruz, ella decidió postularse para el Congreso.
Ahora cuando cruza caminando, y con tacones, el puente desde México para evitar el tráfico del puerto de entrada, le muestra a los agentes de la Patrulla Fronteriza su identificación y sacude la cabeza al ver la seguridad adicional: las cercas, el aumento de la mano de obra y los carriles de tráfico cerrados.
En el pasado expresó su desacuerdo con el enfoque del gobierno de Barack Obama sobre la reforma migratoria, pero argumenta que las políticas de Donald Trump han incrementado la presión sobre los recursos y la capacidad de El Paso para manejar la afluencia de migrantes.
“Estamos literalmente en la primera línea de un gobierno que utiliza la crueldad de manera intencional en comunidades como la mía”, dijo Escobar. “Siempre hay un sentido de urgencia”.
En junio de 2017, Jeff Sessions, quien en ese entonces era el fiscal general, nombró a su esposo, Michael Pleters, en el tribunal de inmigración del Centro de Procesamiento de El Paso, que tuvo una de las tasas más bajas de aprobación de casos de asilo en el año fiscal 2017. Escobar indica que a Pleters le ofrecieron el puesto durante los últimos meses del gobierno de Obama y se aprobó formalmente después del cambio de liderazgo.
Sus opositores argumentan que el cargo de su esposo afecta su posición sobre la inmigración porque ahora él debe defender las políticas del gobierno de Trump. Escobar sostiene que él solo hace su trabajo, y ella es quien fue elegida para cambiar esas leyes.
Las acusaciones la persiguieron hasta Washington, donde dice que otro congresista le hizo un comentario sobre la carrera de su esposo.
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Escobar y Byrd hablaron con una investigadora del Hope Border Institute cuando visitaron un refugio para migrantes en Ciudad Juárez a principios de julio. CreditAdria Malcolm para The New York Times
“Solo recuerdo haber pensado, ‘por Dios ¿hablas en serio? La campaña se terminó'”, dijo. “Las personas que critican a un juez de inmigración no entienden la importancia de mover a las personas a través de un proceso judicial”.
Pero la controversia causada por la ocupación de su esposo refleja el tortuoso debate en el Congreso, donde los legisladores están preocupados por cómo financiar los esfuerzos de aplicación de la ley en la frontera suroeste. Mientras que un cuarteto de congresistas liberales, encabezado por Alexandria Ocasio-Cortez de Nueva York, votó en contra del envío de ayuda humanitaria a la frontera, Escobar silenciosamente impulsó cambios en el proyecto de ley que buscaban imponer más condiciones a la gestión de los fondos. Pero, cuando se eliminaron esas restricciones, votó en contra de la ley.
Su trabajo le ha ganado la confianza del liderazgo del congreso estadounidense. El jueves por la tarde, se unió a los líderes de los comités y otros legisladores principales para una reunión sobre los próximos pasos en la reforma migratoria.
Pero los duros debates y los rencores que suscitan han hecho que su trabajo sea mucho más difícil. A ella le toca contrarrestar lo que considera como ideas falsas y, cada vez más distorsionadas, sobre la frontera propaladas por la derecha, al tiempo que rechaza los furiosos llamados de la izquierda que busca eliminar todo el financiamiento de las agencias de inmigración.
“En mi bando existe el peligro de usar estereotipos y generalizaciones acerca de todas las personas que trabajan en las agencias mientras Trump es el presidente”, dijo. “No puedo decirte cuántas veces he escuchado decir que todos los agentes de la Patrulla Fronteriza son malos, y que si quedan algunos buenos, deberían renunciar”.
“Eso me mata”, agregó, “porque yo hablo con los buenos”.
La pasión de Escobar le ha ganado cierto respeto bipartidista, particularmente a fines del mes pasado, después de que encabezó un emotivo momento de silencio en la Cámara de Representantes por las decenas de miles de inmigrantes que murieron tratando de buscar asilo en los Estados Unidos (sin embargo, los republicanos se apresuran a señalar que no están de acuerdo con sus políticas liberales).
“En español, el término es confianza”, dijo el congresista demócrata de California, Raúl Ruiz quien le presentó a Pelosi su proyecto legislativo sobre la mejora de la atención médica para los migrantes junto a Escobar. “Es como si ella fuera de la familia: es alguien confiable, alguien con quien te puedes sentir cómodo”.
La semana pasada, otros dirigentes también la apoyaron después de una visita al centro de detención de Clint, donde se enfrentó con funcionarios del Departamento de Seguridad Nacional por las publicaciones despectivas sobre ella en un grupo de Facebook en el que participaban agentes actuales y retirados de la Patrulla Fronteriza.
Luego se enfrentó a unos manifestantes conservadores durante una conferencia de prensa. Mientras sus antagonistas le gritaban “One-Term Veronica” (“un solo período Veronica”) y se burlaban de Escobar porque decían que apoyaba más a los niños migrantes que a los de El Paso, la congresista demócrata de Michigan, Rashida Tlaib, gritó en el podio que “Veronica Escobar es la mejor congresista” y recibió el apoyo de sus colegas.
Mientras el grupo de legisladores se alejaba, y los gritos de los manifestantes se desvanecían, se podía ver por la ventana de la furgoneta que Escobar juntaba sus manos en señal de oración y le agradecía a los agentes que los escoltaban.

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