El trabajo no remunerado que realizan las mujeres tiene un valor de 10,900,000,000,000 de dólares Fotografía de la vicepresidencia de la República. Gus Wezerek y Kristen R. Ghodsee The New York Times Las sociedades casi nunca evalúan el valor del trabajo doméstico no remunerado a menos que el suministro se interrumpa. El 24 de octubre de 1975, el 90 por ciento de las mujeres islandesas se rehusaron a cocinar, limpiar o cuidar a los niños durante un día. La nación entera se paralizó. Los hombres de todo el país tuvieron que arreglárselas para relevarlas: llevaron a sus hijos al trabajo y abarrotaron los restaurantes. El trabajo no remunerado —lo que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos define como el tiempo que se invierte en las labores domésticas diarias, las compras de víveres necesarios para el hogar, el cuidado de los niños, de los ancianos y de otros miembros de la familia o ajenos a la misma, además de otras actividades no remuneradas relacionadas con el mantenimiento del hogar— sigue siendo, en gran medida, invisible para los economistas. No forma parte de los cálculos del PIB y rara vez se toma en cuenta en otras mediciones del crecimiento económico. Tristemente se sabe que es difícil de valuar dado que los indicadores habituales del mercado para la oferta y la demanda no son aplicables: las expectativas tradicionales de que el cuidado de los niños, los adultos mayores y los enfermos lo deben proveer de manera gratuita los miembros de la familia hacen que se mantenga en la oscuridad el verdadero valor económico de esta labor. Aun así, lo que nos demuestra el ejemplo de Islandia es que las mujeres contribuyen con un enorme subsidio no reconocido al buen funcionamiento de nuestras economías, las cuales se detendrían en seco si las mujeres abandonaran estas labores. Este Día Internacional de la Mujer Trabajadora, nos dimos a la tarea de analizar cuánto habrían ganado las mujeres el año pasado si percibieran el salario mínimo por su trabajo no remunerado. El valor de este trabajo oculto es alucinante: 10,9 billones de dólares, según un análisis realizado por Oxfam. Esa cifra es mayor a los ingresos combinados de las 50 empresas más grandes que aparecieron en la lista Fortune Global 500 del año pasado, entre ellas Walmart, Apple y Amazon. También comparamos la distribución del trabajo no remunerado entre géneros. La brecha más profunda la encontramos en India, donde las mujeres pasan casi seis horas al día encargándose del hogar, mientras que los hombres indios invierten unos míseros 52 minutos. Las diferencias más pequeñas se dan en Suecia, Dinamarca y Noruega, donde los programas de protección social ofrecen asistencia para niños y adultos mayores. En Estados Unidos, las mujeres realizan, en promedio, cuatro horas de trabajo no remunerado al día, en comparación con las dos horas y media de los hombres. En 1965, cuando el gobierno empezó a llevar el registro de estos datos, las mujeres estadounidenses se encargaban de casi todo el trabajo doméstico no remunerado. A pesar de que la brecha de género en el trabajo no remunerado se ha reducido, las mujeres siguen realizando una cantidad excesiva de labor no remunerada, además de sus empleos de tiempo completo. Un año después del paro de mujeres en Islandia, recordado hoy en día como el “viernes largo”, el gobierno aprobó un proyecto de ley para garantizar la igualdad salarial para las mujeres. En la actualidad, las mujeres de ese país tienen una de las tasas más altas del mundo de participación en la fuerza laboral. El panorama en el resto del mundo no es tan positivo. Los investigadores del Foro Económico Mundial calculan que pasará otro siglo antes de que todos los países alcancen la paridad de género.


  • El trabajo no remunerado que realizan las mujeres tiene un valor de 10,900,000,000,000 de dólares
    Fotografía de la vicepresidencia de la República. 
Gus Wezerek y Kristen R. Ghodsee
The New York Times
Las sociedades casi nunca evalúan el valor del trabajo doméstico no remunerado a menos que el suministro se interrumpa.
El 24 de octubre de 1975, el 90 por ciento de las mujeres islandesas se rehusaron a cocinar, limpiar o cuidar a los niños durante un día. La nación entera se paralizó. Los hombres de todo el país tuvieron que arreglárselas para relevarlas: llevaron a sus hijos al trabajo y abarrotaron los restaurantes.
El trabajo no remunerado —lo que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos define como el tiempo que se invierte en las labores domésticas diarias, las compras de víveres necesarios para el hogar, el cuidado de los niños, de los ancianos y de otros miembros de la familia o ajenos a la misma, además de otras actividades no remuneradas relacionadas con el mantenimiento del hogar— sigue siendo, en gran medida, invisible para los economistas.
No forma parte de los cálculos del PIB y rara vez se toma en cuenta en otras mediciones del crecimiento económico. Tristemente se sabe que es difícil de valuar dado que los indicadores habituales del mercado para la oferta y la demanda no son aplicables: las expectativas tradicionales de que el cuidado de los niños, los adultos mayores y los enfermos lo deben proveer de manera gratuita los miembros de la familia hacen que se mantenga en la oscuridad el verdadero valor económico de esta labor. Aun así, lo que nos demuestra el ejemplo de Islandia es que las mujeres contribuyen con un enorme subsidio no reconocido al buen funcionamiento de nuestras economías, las cuales se detendrían en seco si las mujeres abandonaran estas labores.
Este Día Internacional de la Mujer Trabajadora, nos dimos a la tarea de analizar cuánto habrían ganado las mujeres el año pasado si percibieran el salario mínimo por su trabajo no remunerado.
El valor de este trabajo oculto es alucinante: 10,9 billones de dólares, según un análisis realizado por Oxfam. Esa cifra es mayor a los ingresos combinados de las 50 empresas más grandes que aparecieron en la lista Fortune Global 500 del año pasado, entre ellas Walmart, Apple y Amazon.
También comparamos la distribución del trabajo no remunerado entre géneros. La brecha más profunda la encontramos en India, donde las mujeres pasan casi seis horas al día encargándose del hogar, mientras que los hombres indios invierten unos míseros 52 minutos. Las diferencias más pequeñas se dan en Suecia, Dinamarca y Noruega, donde los programas de protección social ofrecen asistencia para niños y adultos mayores.
En Estados Unidos, las mujeres realizan, en promedio, cuatro horas de trabajo no remunerado al día, en comparación con las dos horas y media de los hombres. En 1965, cuando el gobierno empezó a llevar el registro de estos datos, las mujeres estadounidenses se encargaban de casi todo el trabajo doméstico no remunerado. A pesar de que la brecha de género en el trabajo no remunerado se ha reducido, las mujeres siguen realizando una cantidad excesiva de labor no remunerada, además de sus empleos de tiempo completo.
Un año después del paro de mujeres en Islandia, recordado hoy en día como el “viernes largo”, el gobierno aprobó un proyecto de ley para garantizar la igualdad salarial para las mujeres. En la actualidad, las mujeres de ese país tienen una de las tasas más altas del mundo de participación en la fuerza laboral.
El panorama en el resto del mundo no es tan positivo. Los investigadores del Foro Económico Mundial calculan que pasará otro siglo antes de que todos los países alcancen la paridad de género.

Comentarios