“No pensé en protegerme cuando llevaba a los turistas porque pensaba que el gobierno los examinaba antes de que ingresaran al país”, comentó Thongsuk.

The New York Times
Bangkok, Tailandia
La mujer china paró el taxi y le dijo al taxista que quería ir al hospital.
El taxista tailandés, como sucede con frecuencia en Bangkok, se quedó atorado en el tráfico. Para matar el tiempo, la mujer sacó su teléfono e, inclinándose hacia delante, señaló algunos sitios turísticos que quería visitar.
Luego estornudó y las gotas de saliva salpicaron el rostro del taxista.
“Pensé que era bonita, pero que tenía mala educación”, comentó el taxista Thongsuk Thongrat.
Aproximadamente una semana después, Thongsuk, de 50 años, dio positivo para el coronavirus, mismo que se ha estado propagando desde China por todo el mundo y ha infectado al menos a 41 personas en Tailandia.
Su diagnóstico positivo destaca los riesgos que enfrentan los taxistas y otras personas que a menudo entran en contacto con visitantes extranjeros, incluso ahora que la disminución de viajes internacionales ha afectado a las economías que dependen del turismo.
Otros dos taxistas han resultado infectados con el coronavirus en Tailandia, y el caso más reciente se confirmó el lunes.
En Taiwán, un taxista que a menudo trasladaba pasajeros de la China continental y de Hong Kong murió por el coronavirus hace unas semanas.
En Japón, un conductor de autobuses turísticos que había transportado a visitantes de Wuhan, la ciudad china del centro del país donde se cree que se originó el brote, contrajo el virus el mes pasado. El guía del mismo autobús también se contagió del COVID-19.
Una taxista japonesa dio positivo luego de que creyó haber tenido contacto con alguien del Diamond Princess, el crucero que atracó en Japón y se convirtió en un foco de infección del virus. También la suegra de otro taxista japonés murió como consecuencia del virus, la primera muerte de ese tipo registrada en Japón.
En Singapur, también resultaron infectados dos taxistas y dos conductores de servicio de transporte de pasajeros por medio de aplicaciones.
Thongsuk, quien se ha recuperado completamente de la neumonía por coronavirus luego de catorce días en una unidad de aislamiento de un hospital de Bangkok, ha regresado a trabajar, solo para darse cuenta de que no hay mucho trabajo. Comentó que cerca del 60 por ciento de sus clientes habían sido visitantes chinos, pero que estos ya no están llegando debido a la cuarentena en esa nación y la prohibición de Pekín de que salgan del país grupos de turistas chinos.
“Casi todos los chinos a los que llevaba eran amables”, señaló. “Los echo de menos”.
Thongsuk mencionó que en días buenos podía ganar aproximadamente 30 dólares. Ahora, con suerte lleva a casa 10 dólares al día.
En este momento, están vacíos muchos templos dorados budistas de Bangkok que solían estar repletos de turistas. También están padeciendo los mercados que acostumbraban venderles frutas tropicales y mariscos secos a los clientes chinos. La ocupación hotelera también se ha ido en picada.
Cerca del 10 por ciento del producto interno bruto de Tailandia proviene del turismo, y los chinos son, por mucho, el grupo de visitantes más grande. Tailandia es uno de los relativamente pocos países que pueden visitar los chinos sin tener visa. El mes pasado, antes de que la epidemia se declarara plenamente, más de un millón de chinos visitaron Tailandia.
“No pensé en protegerme cuando llevaba a los turistas porque pensaba que el gobierno los examinaba antes de que ingresaran al país”, comentó Thongsuk.
Thongsuk dijo que tan pronto como se enfermó, tuvo el cuidado de usar cubrebocas, a pesar de no saber que había sido infectado con el coronavirus. En una cultura en la que se comparten los alimentos en la mesa y en ocasiones se los comen con las manos, Thongsuk consumía sus alimentos apartado en otro lugar y no corrió el riesgo de contagiar a su familia con lo que él pensaba que era influenza, comentó.
No contagió a ninguno de sus familiares. El ministro de Salud Pública de Tailandia, Anutin Charnvirakul, quien visitó dos veces a Thongsuk en el hospital, lo felicitó por sus buenos hábitos de salud.
El miércoles, el ministro de Salud les hizo una advertencia más severa a los tailandeses que aprovechaban los vuelos baratos que ofrecían las aerolíneas regionales desesperadas.
Tras declarar de manera oficial que el coronavirus es una peligrosa enfermedad transmisible, ahora Tailandia le está ordenando a cualquier persona que haya visitado algún lugar que considera de alto riesgo —como China, Japón, Corea del Sur, Singapur o Italia— que se someta a una cuarentena de catorce días.
“Aunque los boletos estén baratos”, dijo Anutin, “esas podrían ser sus últimas vacaciones”.

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