La Asamblea General de Naciones Unidas arrancó este año con llamados al multilateralismo y a la cooperación y una declaración acerca de que la urgencia para que los países se unan “nunca ha sido mayor”, pero terminó con un desfile de agravios divisivos.

En días de discursos virtuales, líder tras líder destacaron la importancia de trabajar juntos para superar el coronavirus y los desafíos de futuro. En palabras del ministro alemán de Exteriores, el COVID-19 “muestra que la cooperación internacional no es ni una ideología ni un fin en sí misma. Al contrario, da resultados, mucho más allá de la pandemia”.

Las palabras, sin embargo, no son resultados. Aunque la ONU y la mayoría de sus estados miembros visualizan un mundo en gran medida multilateral, los retos subyacentes que dividen a las naciones acapararon también el foco como demostró el “derecho a réplica” al final de la sesión de clausura.

Uno a uno, diplomáticos de bajo nivel salieron a la palestra para dar la réplica a los discursos de los líderes con sus intensas respuestas.

En cuando al conflicto candente del momento, entre Armenia y Azerbaiyán por el enclave separatista de Nagorno-Karabaj, diplomáticos de las dos naciones se acusaron mutuamente de ser responsables de los últimos combates. Bangladesh criticó a Myanmar por los más de 700.000 musulmanes rohingyas que huyeron de la represión del ejército birmano en 2017 y viven en campos en Bangladesh, que siguen teniendo miedo a regresar a sus casas, y Myanmar respondió.

Irán, por su parte, atacó a Israel por el discurso de su primer ministro, Benjamin Netanyahu, en el que aseguró que la República Islámica tendría “suficiente uranio enriquecido en unos meses para dos bombas nucleares” luego de que exceder recientemente los límites contemplados en el acuerdo firmado con las potencias mundiales en 2015.

Un diplomático iraní dijo que Israel hizo caso omiso de las resoluciones de la ONU sobre la negociación de una solución de dos estados con los palestinos y afirmó que Israel “supone la amenaza más grave a la seguridad de los estados en Oriente Medio” por su supuesto amplio programa nuclear, algo que el país nunca ha reconocido. Teherán también protagonizó un choque a tres bandas con Emiratos Árabes Unidos y Yemen.

Aunque todos los líderes intervinieron en discursos pregrabados, los diplomáticos sí hablaron en persona el martes en la noche, sentados tras las placas identificativas de sus países en una vasta sala de la Asamblea General a donde, debido a las restricciones por el coronavirus, solo pudo acceder un representante de cada uno de los 193 países miembro.

El principal acto presencial fue una reunión del Consejo de Seguridad que provocó uno de los pocos choques a tiempo real y se centró en la escalada del conflicto entre China y Estados Unidos. El enfrentamiento estuvo provocado por la responsabilidad por la pandemia, en el que Rusia respaldó a Beijing. Pero las discrepancias entre las dos mayores economías del mundo se extienden a cuestiones comerciales, a los reclamos de China en el Mar de la China Oriental y a Taiwán.

En sus declaraciones en la inauguración de la Asamblea, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, había presentado un panorama sombrío del estado del mundo: una crisis de salud “histórica”, calamidades económicas, amenazas a los derechos humanos y preocupaciones por una posible nueva Guerra Fría entre Washington y Beijing.

Guterres pidió unidad global, sobre todo para luchar contra la pandemia, y criticó el populismo y el nacionalismo como respuestas erróneas que normalmente empeoran la situación.

El presidente de la Asamblea General, Volkan Bozkir, cerró el evento de seis días el martes con una nota optimista, recordando la necesidad del multilateralismo y la unidad.

“Los desafíos que enfrentamos son enormes, pero también lo son las posibles soluciones”, dijo. “Trabajando juntos, podemos superarlos”.

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